Un sol de justicia y preparativos para la consolidación de las losas de arenisca que señalan la entrada del corredor

Esperando la “cacareada” bajada de temperatura, llevamos dos días con un sol de justicia. En una zona elevada, sin protección, y sin viento (hasta los aerogeneradores han cesado su producción), el sol se hace asfixiante y quema hasta el espíritu aguerrido, y un poco alocado, de nuestro equipo ante las inclemencias atmosféricas.

Al margen de comenzar a pergeñar el cierre de la campaña y plantear la estrategia para dejar el monumento listo hasta la próxima campaña, hemos seguido muestreando mandíbulas para futuros análisis genéticos. En concreto, hemos extraído, no sin dificultad, el segundo premolar y el primer molar de un individuo infantil de unos 10 años, al que le asomaba el segundo premolar retirar el diente respectivo. Es ésta una tarea difícil en muchas ocasiones por los problemas que plantean algunas raíces divergentes para su extracción.

Yago y Piyi han estado dos días realizando un trabajo finísimo, de restaurador propiamente dicho. Con instrumentos de dentista, han limpiado brizna a brizna todo resto de tierra sobre las lajas de arenisca que señalan la primitiva entrada al corredor del monumento. Una vez completada esta tarea, hemos rociado los bloques con acetona, como nos han aconsejado profesionales, con el fin de abrir los poros de la piedra para que penetre un producto consolidante que aplicará la empresa AIBUR, especialista en este tipo de trabajos. Trabajo fundamental para evitar el deterioro galopante que las raíces han provocado en la deleznable arenisca y que los cambios atmosféricos acrecientan día a día.

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